Entrevista a Emma Ríos | 25 aniversario Generaciónx (Gerardo Vilches)

Hace un año celebrábamos el 25 aniversario de GeneraciónX, con motivo de ello organizamos diferentes charlas con diversos autores. Entre ellos la ya conocida Emma Ríos.

Esta entrevista fue llevada a cabo por Gerardo Vilches

Entrevista a Emma Ríos al 25 aniversario de GeneracionX

Emma Ríos (Villagarcía de Arousa, 1976) comenzó haciendo fanzines en la potente escena de la autoedición gallega, para pasar después al mercado USA. Tras su paso por Marvel, actualmente trabaja en varios proyectos creator owned con colaboradoras como Kelly Sue DeConnick o Hwei Lim. Obras como I.D., Bella Muerte o Mirror se cuentan entre lo más novedoso y personal que ha dado el mainstream en los últimos años.

GV: En 1994, cuando abre la primera librería de Generación X, ¿qué estaba haciendo Emma Ríos?

ER: Estaba aún en el instituto, todavía no me movía con los fanzines, pero estaba a punto. Estaba muy a tope con los cómics, porque justo coincide con el inicio del manga en España, con las series de Planeta. Hasta ese momento teníamos solo la serie blanca de Dragon Ball y Akira, que más o menos había podido seguir. Antes de eso, de pequeña, había leído superhéroes, Don Miki, Astérix, alguna cosilla europea en la que no terminé de entrar, porque nunca he conectado mucho con la BD clásica de tema histórico. Y de repente, llega Akira. Fue un cambio paradigmático para mí. Como anécdota personal, recuerdo que era muy difícil encontrar cómics en Coruña, así que tenía que ir en tren a Santiago, a la librería Komic, para pillar, por ejemplo, todo lo de Vertigo.

GV: ¿No había ningún sitio en Coruña donde comprar cómics?

ER: Sí, había quioscos. Había uno especialmente grande, donde mi padre compraba los periódicos. Ahí empecé también a comprar VHS de cine de Hong Kong, cuando el boom de cine oriental. También pasaba que a mí me mandaban fuera en verano, a aprender inglés, y yo no comía para poder comprarme estas movidas [risas]. Me gasté todo el dinero que tenía, y luego la gente me decía: «¡cómo has adelgazado!» [risas]. Recuerdo que al volver a España llevaba una bolsa llena de cómics y vídeos, y no querían dejarme pasar con ella. Y empecé a llorar: «¡soy estudiante, no tengo dinero!». Y al final lo colé [risas]. Una de las razones por las que yo hacía estas cosas es porque no había internet, claro. Era todo por el boca a boca: alguien te hablaba de una tienda en Londres, de alguna zona… Ibas teniendo tus contactos, que te daban información. Y al final todo eso generó una asociación que montamos, Nostromo, y que quizás fue lo primero serio que hicimos.

GV: Pero ¿todavía no te planteabas ser dibujante?

ER: Qué va: yo nunca pensé que ser dibujante fuera un trabajo [risas]. Dibujaba de toda la vida, pero no se me pasaba eso por la cabeza. Mi madre es profesora de arte, y me decía que todo eso era maravilloso… Pero también que estudiara ciencias puras [risas]. Elegir la carrera para mí fue un drama. Yo quería irme de cabeza a Bellas Artes, luego pensé en Informática, porque también me flipaban los videojuegos, y era algo que podía dar más dinero, pero lo descarté porque en realidad no había asignaturas específicas. Y al final acabé en Arquitectura porque era la que quizás tenía el horizonte más amplio y a nivel artístico, podía ser interesante. Mientras, gracias a Nostromo y a habernos metido un par en el club de cine y vídeo de la universidad, nos animamos a hacer ciclos de anime y de terror. Incluso desde antes, me carteaba con gente de toda España a la que contacté a través de los correos de los lectores de Alita. Originalmente, había escrito para conseguir algunos números que me faltaban de varias colecciones y la gente me envió todos esos tebeos gratis a mi casa. Era alucinante. Así acabé traficando, intercambiando cintas VHS.

Boceto de Emma Ríos sobre Stephen (2009)

GV: Los correos ya han desaparecido, pero en su época eran algo parecido a las redes sociales

ER: Pero no es que yo escribiera muy a menudo; debí de mandar un par de cartas, además muy sosas, pidiendo los números. Y era demencial porque me llegaban dos o tres cartas al día durante meses. Y empiezas a intercambiar material, como Gundam, Silent Möbius, Gunbuster… La primera vez que vi los cincuenta primeros capítulos de esta serie fue en blanco y negro, con una calidad horrible y subtítulos en chino. Fue muy intenso todo en esa época. Un comienzo muy guay.

GV: En 1998 ganaste el primer premio de un concurso de cómic…

ER: ¡El Arteixo!

Es lo típico que entras en la Wikipedia y te sale eso [risas]. ¿Sabes lo curioso? Era un concurso muy pequeño pero ese año, el jurado de ese premio era Javi Rodríguez, que fue la primera persona que me dijo que, con mi nivel, podía ser profesional. Lo recuerdo con mucho cariño. Por aquel entonces no había casi nada: hasta 1998 no se hizo el Viñetas desde o Atlántico, aunque había unas jornadas maravillosas en Ourense, As Xornadas de Banda Deseñada, donde pude conocer a casi todos los autores gallegos por primera vez. Yo iba a las cuatro cosas que había, y también cuando empecé a hacer fanzines intentaba ir siempre al Salón del manga de Barcelona. Allí conocí a Ken Niimura y a la gente del Arruequen.

GV: Justo esos años coinciden con el derrumbe casi total del mercado español.

ER: Sí, después del intento de Laberinto fue todo en picado…

Emma Ríos Firmando libros durante el 25 aniversario de GeneraciónX

GV: A partir del año 2000 formáis el colectivo Polaqia, ¿verdad?

ER: Sí, aunque yo no estuve el primer año. Pero me pareció alucinante que hubiera un proyecto de cómic local. Yo conocía ya a algunos autores con los que me había juntado para hacer cosas y protestar por lo del Prestige: Miguel Porto, Roque Romero, David Rubín… El primer año de Polaqia, cuando Alberto Vázquez sacó Alter Ego, me pareció una iniciativa superinteresante, lo que pasa es que yo entonces estaba haciendo mis fanzines fotocopiados de pegar tiros, ultraviolentos, y pensaba que no encajaba ahí ni de coña, claro. Que no le interesaría a nadie. De la época anterior a esto, mi comienzo en los fanzines antes de APB, recuerdo cosas bonitas, pero también algunas tóxicas, porque éramos cuatro gatos y había peleas absurdas… Por eso acabé haciendo cosas sola. Hacía cien copias o así, y los vendía en los pocos eventos que había, o en las tiendas que conocía. Pero ni de coña se me ocurría ir a una editorial con eso, en un momento en el que lo que se llevaba era el cómic más intimista y autoral. Y yo hacía unas cosas muy bestias, por influencia de Akira, pero también, me he dado cuenta con los años, como reacción ante la doble vara de medir… Cuando las tías dibujamos algo sórdido sorprende más, no es lo mismo que si lo dibuja un tío. Incluso hoy, piensa en como se percibe a Keiko Takemiya o a Nina Bunjevac. Yo era la única tía, rodeada de tíos, y quería ser uno más. No quería que me encasillasen por mi apariencia. Quizás por eso hacía ese tipo de cómics, no lo sé, en realidad solo quería pasármelo bien. Ahora mismo ya no tengo esa necesidad, aunque me siga divirtiendo dibujar violencia me interesa más tratar las atmósferas de otro modo. La violencia ya no es demasiado perturbadora en los cómics, ya no te hace pensar demasiado, porque estás a un clic de ver cómo le vuelan la cabeza de verdad a alguien.

GV: Sí, pero es lo que dices, cuando empezó a llegar aquel cine a España fue un shock, no se parecía a nada que hubiéramos visto. Entiendo que te marcara tanto.

ER: Lo que era guay es que, además de esa violencia desenfrenada, todo era al mismo tiempo muy moñas, con sentimientos reprimidos al darte la hostia, todo muy intenso, pero también muy estético, no te ofendía ni te agobiaba. Me gustaba mucho el cine de Kitano, que calculaba cada gota de sangre. A mí me flipaba todo eso. Me crie con esas películas y me apetecía expresarme en esa onda, mezclando lo dulce con lo grotesco para crear un estilo que, al final, de alguna manera ha llegado hasta hoy.

GV: Antes decías que tenías que ir a Santiago para comprar cómics, pero ¿recuerdas la primera vez que entraste en una librería especializada?

ER: Sí, sí, fue en Komic. Fui allí a buscar The Sandman como una loca. Me hice la serie entera yendo allí. También compré Watchmen [risas]…

GV: Sería un impacto: todo lleno de cómics, merchandising, camisetas

ER: Bueno, yo no iba a mirar camisetas [risas].

GV: Pero descubres de repente que existe todo eso alrededor de los cómics.

ER: Sí, eso fue un poco raro. Recuerdo que nos trataron guay; uno de los que venía ya conocía al librero. Luego fui alguna vez yo sola, y me daba un poco más de vergüenza, por circunstancias obvias… Aparte, yo no soy nada extrovertida, y esas cosas me jodían. En mi entorno había un acuerdo tácito de que éramos todos iguales, no hacíamos distinción de género. Pero luego siempre me acaba pasando algo, como a cualquier tía. Aunque, afortunadamente, yo pude enfrentarme a eso de una forma sana. Pero sí, los viajes a los salones podían ser un poco coñazo. Nada gravísimo, pero estaba ahí.

GV: En 2008 suceden muchas cosas en tu carrera, y creo que algo tuvo que ver Warren Ellis en todo eso.

ER: Sí, sí. En 2006 o 2007 monté un estudio de arquitectura con un par de amigos. Ganamos un concurso y eso nos metió en una situación muy dura, con mucho trabajo. Pero yo no dejaba de dibujar tebeos, incluso en el tren, cuando iba al trabajo. Ya había estado en Angoulême, donde salió un proyecto con Soleil por el que al no vi un duro, y que al final lo cortaron sin más. Tuve muy mala suerte en el mercado francés. Pero, aunque eso no salió, no me planteé dejar los tebeos, porque siempre habían sido mi salvavidas. En 2007, cuando ya estaba pensando en tratar de irme del estudio, fui al Saló de Barcelona y asistí por primera vez a las entrevistas con editores internacionales. Y lo de Warren Ellis en realidad es muy cutre [risas]. Yo tenía mi cuenta de Flickr, y Warren la encontró y le moló. Y al día siguiente, la puso en su web. «No sé quién es Emma Ríos, pero vais a flipar». Pasé a tener cinco mil visitas al día, con mogollón de comentarios. Y me enteré porque lo vi en Entrecomics; entré y vi que todo había explotado. Dos semanas después, Matt Gagnon, el actual director de Boom! Studios que acababa de entrar en la editorial en ese momento, me escribió para que dibujara una miniserie de cuatro números. Y me atreví. Dejé el estudio y me lancé, aunque de entrada no se lo dije a nadie. No se lo conté a mis padres hasta que ya estaba en Marvel. Les expliqué qué eran Marvel y DC comparándolo con el Real Madrid y el Barcelona [risas]. Ahora están muy orgullosos, pero para ellos sigue siendo todo bastante extraño.

GV: ¿Cómo conseguiste entrar en Marvel? ¿Te llamaron ellos?

ER: En Barcelona había asistido a una entrevista con un editor de Vertigo. Le gustó mi trabajo, y estuve como un año haciendo pruebas para 100 Balas, Hellblazer… Pero todavía me costaba mucho la tinta. Me decían que podían darme trabajo con un entintador, pero yo me negaba. Soy muy cabezota. Recuerdo que Cliff Chiang llegó a enviarme un correo larguísimo donde me explicaba cómo hacer que los fondos no se mezclaran con la tinta. Que alguien con una cantidad de trabajo infinita se preocupara de que yo aprendiera a entintar me impresionaba. Son pequeñas historias que, aunque aquello saliera mal, porque nunca llegué a trabajar para Vertigo, te van dando empujoncitos. Al año siguiente hice otra entrevista con Marvel, con Alejandro Arbona que era editor asistente, a quien le llevé unas páginas de Los nuevos mutantes reinventadas. Acabé conociendo a Cebulski en otro salón quien me dejó entrar con un fill-in en Runaways, aunque yo estaba haciendo pruebas para Thor. Después tuve que hacer un álbum para SM, una adaptación de Amadís de Gaula, y tuve que decirle a Marvel que no podía seguir, lo que fue demencial. Pero después fue Mark Waid, quien además de trabajar como autor fuera era el presidente de Boom! cuando yo hice Hexed, el que me llamó para hacer el proyecto de Dr. Extraño. Ahí ya entré por la puerta grande, con un guionista de renombre. No te imaginas los comentarios que hubo, misóginos, racistas… Gente que estaba fatal de lo suyo. Pero, de repente, todo el mundo empezó a quererme [risas]. Después de esa serie hice Osborn, un personaje que estaba quemadísimo tras un crossover muy largo como antagonista, y que nos dieron a Kelly Sue DeConnick y a mí. Fue amor a primera vista y en el segundo número, ya estábamos hablando de hacer Bella muerte juntas.

Captain Marvel: el héroe más poderoso de la Tierra Vol. 
1 (Libro de bolsillo comercial) – Cómic en el que participó como Penciller Emma Ríos

GV: Entre medias también sucede que Kelly Sue DeConnick comienza con la serie de Capitana Marvel.

ER: Eso pasa después. Nosotras ya estábamos preparando Bella muerte cuando ella empieza a guionizar Capitana Marvel. Me propuso un proyecto de creación propia, y yo, que venía de los fanzines, era justo lo quería hacer. Pero me costó un poco irme de Marvel, por cuestiones económicas y de ajustar agendas, por eso no empezamos hasta más tarde. En Capitana Marvel hice un par de números, por despedirme. Esa serie ahora podrá ser high profile, pero cuando comenzó no vendía mucho y no le importaba demasiado a nadie. Fue bastante duro en general. Marvel ni le hizo ningún favor, ni apostaba por ella. Y ahora, ya ves.

GV: Creo que Bella muerte (Astiberri, 2014-) es uno de tus mejores obras. ¿Cómo es el método de trabajo? Imagino que no seguís el método Marvel.

ER: No, no tiene nada que ver. Tenemos un acuerdo: ella tiene la última palabra para los textos y yo tengo la última palabra para las imágenes, siempre que no nos pongamos de acuerdo. Y luego tenemos a un par de personas que nos echan una mano, a cuya opinión recurrimos si nos cuesta decidir. Una de ellas, Sigrid, controla mucho de temas sociales y si detecta alguna cosa problemática nos los dice. Por ejemplo, en el primer volumen hay una escena de sexo con una prostituta, que Kelly Sue planteó como una escena onírica, pero que yo dibujé muy carnal. Yo no quería que fuese un sueño, pero no sabía bien por qué, y finalmente Sigrid nos hizo ver que usar a una trabajadora del sexo como parte de una fantasía era un cliché problemático. Para eso tienes editores: porque tú no siempre eres consciente de estas cosas. Hay unos personajes nuevos en el último arco, Sed y Hambre. Mi idea original era hacerlos siameses y no funcionó porque claramente estaba estigmatizando. Podéis preguntarle a Amanda Palmer sobre Evelyn Evelyn, donde además, sin ninguna vergüenza utiliza una ilustración de Mitad, una historia corta de Moto Hagio, sin siquiera acreditarla. Yo no tenía ni idea de aquella polémica. Hay mucho debate sobre esto y en cualquier caso, no creo en absoluto que sea una cuestión de autocensura. A este nivel, es como no ir por la calle pegándole patadas a la gente. Es asumir que tú puedes tener puntos ciegos y tratar con ligereza temas que para otras personas son importantes. Tú tienes que saber de qué lado estás y a quién quieres llegar. No escribo para todo el mundo, porque no me gusta todo el mundo, pero tengo claro que no quiero que gente que respeto se sienta mal por mi propia ignorancia. Lo que hago simplemente trabajar con el triple de esfuerzo que antes.

GV: Tu caso es un poco particular porque, al contrario que otra gente que ha dado el salto al mercado americano, sigues siendo autora completa. Pero has trabajado como dibujante con una guionista, como guionista con una dibujante, y como autora completa.


BELLA MUERTE (ASTIBERRI)

ER: En esa época se me fue la olla [risas]. En 2015 el primer arco de Bella muerte funcionó genial. ¡Hasta nos rompieron un tebeo en un vídeo! [risas]. Vendimos 60.000 ejemplares, lo que nos dio un montón de pasta. De entrada, mi intención no era abandonar definitivamente Marvel, pero yo no podía dibujar dos cosas a las vez, y escogí hacer Bella muerte. Todo iba genial, y me di cuenta de que tenía libertad para hacer lo que me diera la gana. Me acabé juntando con gente que estaba en una situación parecida, justo antes de una migración masiva de autores a Image. Empecé a hablar con Brandon Graham para hacer la revista Island, donde serialicé I.D. (Astiberri, 2016), para apoyar la revista todo lo posible. La idea era que hubiera mucha gente, tanto profesionales como autores más amateurs, metí incluso a gente de los fanzines de Galicia, como Cynthia Alfonso, Roque Romero o Xulia Vicente. 8house salió al mismo tiempo y era distinto, porque eran varias miniseries que lo único que tenían en común eran las influencias. Era un poco batiburrillo, y la idea es que las series fueran saliendo salteadas, para dar tiempo a los autores a trabajar con calma. Pero en esos momentos el mercado ya se había ido a la mierda y solo vendían los números uno… Mirror (Astiberri, 2017, 2019) iba a salir en el sexto número e Image nos pidió que la hiciésemos serie regular fuera de ahí. Island sí que alcanzó quince entregas, aunque yo desde el quinto ya estaba viendo los números y veía que aquello no podía durar. De esos proyectos salieron Mirror e I.D.. Seguramente nunca me habría animado a hacerlo sola, porque, aunque llevo toda la vida estudiando inglés, hay una barrera psicológica enorme ahí.

GV: Hablemos de Mirror. Es un proyecto en el que colaboras con Hwei Lim. ¿Qué puedes contar de esta serie?

ER: Surge como iniciativa conjunta. La idea de colaborar se debe a que yo estaba ya

haciendo I.D.y no podía dibujar nada más para 8house. Por eso hay similitudes en la temática; era un momento en el que quería presentarme como autora en un mercado en el que el branding y tu cara es la marca, es lo que vende tebeos. Yo no soy la persona más extrovertida del mundo y este tipo de cosas las llevo fatal. Mirror trata sobre encontrar tu lugar en un colectivo, aunque, por supuesto, esto es una lectura que hago después, no era la intención consciente. Hwei era ingeniera, y lo dejó para hacer Mirror aunque ya tenía un montón de webcómics. Era muy conocida pero nunca había publicado en papel fuera de la autoedición. Nos conocimos en Japón en 2008, trabajando juntas en una programa de creación para el que nos seleccionaron, y emparejaron, a ambas. Nos hicimos súper amigas, íntimas. Y conservamos esta amistad durante los diez años que estuvimos sin colaborar, antes de que surgiera la posibilidad de trabajar juntas en Mirror. En el último número, estábamos un poco enfermas las dos, por la presión, pero evidentemente, seguimos adelante, aunque con retrasos. Lo que supuso un desplome de las ventas de las grapas. Al final conseguimos sacarlo, gracias a Image y a lo que nos importaba la historia. Creo que todo ese esfuerzo se transmite y lo ha convertido en un proyecto muy personal.

GV: Creo que bebe mucho de todas las influencias que hemos ido desgranando en la entrevista, incluso veo cosas de Miyazaki.

ER: Sí, sí. A Hwei no le mola nada dibujar violencia, de modo que, aunque la historia es jodida, porque no lo puedo evitar, no iba a haber violencia directa, sino que se iba a contar sin mostrarlo. Creo que hay un nivel de lectura que recibes, que no ves, y del que no eres demasiado consciente. A mí me gustan mucho los videojuegos y los juegos de rol, y tengo muy asociado a esto el tema fantástico. Y también me gustan mucho esas series de anime de los setenta y ochenta donde tampoco te explican demasiado las cosas, sino que te vas enterando sobre la marcha. Originalmente la utilización del flashback era más artificial, más anecdótica, simplemente para narrar la historia de forma diferente y que se explicase todo al final. Pero en un punto del proceso, en el número tres, Mirror se convirtió en serie regular y tuvimos que empezar a utilizar las elipsis como herramienta, poniendo al lector en la situación en la que están los personajes y así intuir la trama sin recibirla de forma explícita. Esto nos costó mucho, había que releer constantemente. Pero creo que quedó bien, y aunque no es un tebeo claro, y parece que ponemos deberes a la gente, si no lo piensas demasiado y te dejas llevar por las emociones de los personajes, funciona y recibes una experiencia un poco distinta. Ha habido críticas de todo tipo sobre la narrativa, buenísimas y terribles. Hoy en día, la gente que consume ficción con regularidad está acostumbrada a que cualquier serie que veas te explica todo en el piloto: quiénes son los buenos, quiénes los malos, cuál es el conflicto… Y el resto de los capítulos vas a ver cómo se desarrolla eso. Y esto se ha trasladado muchísimo a los cómics. También sucede que lo sacamos en grapa, pero yo trataba de que no me influyera: no íbamos a hacer recaps ni nada de eso, simplemente intentábamos que pasaran muchas cosas para que tuvieras la sensación de que había merecido la pena. En caso contrario el formato habría destrozado la historia. En Bella muerte, al principio, hasta cierto punto también nos pasa, por el punto literario, las secuencias oníricas… En el segundo arco, cuando Kelly Sue había empezado a acercarse a Hollywood y había hecho cursos de guion, era todo más lineal… Seguía habiendo diálogos evocadores, pero yo sentía que estábamos perdiendo un poco el rollo, la frescura del primero a pesar de que estaba mejor escrito y estructurado. Y ahora, en el tercer arco, estamos volviendo a aquella frescura, pero con mejor técnica. Es un proceso. Lo peor que te puede pasar es quedarte estancada.

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